Cuando escuchamos conceptos como “nuevo mundo del trabajo” o “cuarta revolución industrial” somos conscientes de que ya no se trata de definiciones abstractas, sino de realidades que experimentamos día tras día, que impactan en nuestra práctica laboral y sindical. “Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes", vaticina Klaus Schwab, autor del libro "La cuarta revolución industrial", publicado en 2016.

El movimiento sindical debe estar preparado para enfrentar este complejo escenario. Junto con los grandes cambios tecnológicos, medioambientales y sociales vamos a encontrarnos -ya lo estamos haciendo- ante contratos cada vez menos permanentes, trabajadores cada vez más móviles, una economía cada vez más digital y trabajos cada vez más polarizados. En sus inicios, los sindicatos representaban a trabajadores que componían una mayoría homogénea, reunidos en grandes concentraciones. Hoy, a partir de estos cambios, esa homogeneidad ya no existe y nos encontramos con una gran diversidad de actividades y formas de llevarlas adelante.

Propongo hacer un ejercicio: sumergirnos en las seis tendencias que están transformando el trabajo y la desigualdad y recorrerlas observando las señales para ver de qué manera lo que hoy está ocurriendo en el presente podría generar consecuencias en un futuro.

Trabajo

Todos somos conscientes de que el trabajo está sufriendo grandes cambios, lo que provoca una gran inseguridad económica para la mayoría y la necesidad de organizarse de nuevas maneras. El concepto de un empleo para toda la vida está totalmente desdibujado, en tanto que la automatización crea mucha incertidumbre. Las empresas tienden, cada vez más, a subcontratar aun en áreas que pueden ser consideradas como estratégicas. Trabajadores con contratos precarios y con sueldos insuficientes caen en la pobreza, aun estando empleados.

La competencia global se acelera, hay una serie de expectativas de las clases medias incumplidas (que en muchos casos llevan a reacciones que ponen en riesgo la estabilidad democrática, como en Brasil); y el poder empresarial eclipsa al poder nacional. Todo esto en el marco de un orden mundial cambiante.

Desigualdad

La brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo. La riqueza engendra riqueza y en el “pastel” la parte de los trabajadores se reduce cada vez más, al tiempo que hay una persistente brecha de género en la distribución y crecen las diferencias frente a las oportunidades. Por ejemplo, en Argentina, según datos del INDEC, el deterioro distributivo llegó al nivel más elevado de los últimos siete años, y en este marco las mujeres y los jóvenes son los más perjudicados.

Tecnología

Las nuevas tecnologías están transformando la forma como trabajamos, consumimos, nos organizamos sindicalmente y nos movilizamos. Las redes son más grandes, el acceso es más rápido, la influencia es más fuerte. A través de las tecnologías hoy se puede conectar a todos y a todo; mientras las grandes bases de datos ponen en riesgo la privacidad, también nos dan grandes oportunidades para difundir nuestras ideas, movilizarnos y sindicalizar. Muchos empleos se automatizan y estamos ante un auge cada vez mayor del comercio electrónico. En el campo de la salud y el cuidado, la digitalización y la robótica implican cambios que ya comenzamos a ver y para los cuales tenemos que ir formándonos y preparándonos.

Demografía

El futuro será modelado por cambios profundos de largo plazo en la población, una constante evolución de quiénes somos y dónde vivimos. Todos sabemos que las poblaciones que están envejeciendo tensionan los sistemas, pero en el caso específico del sector de la salud y el cuidado crean nuevos empleos y cambian muchos aspectos de la atención sanitaria; la diversidad (étnica, sexual, etaria) está integrada a nuestra vida cotidiana; hay papeles económicos más preponderantes para las mujeres. Otros datos muy relevantes son la urbanización, que crea megarregiones y el surgimiento de los nacidos en la era digital.

Cambio climático

El cambio climático es real y recae más pesadamente sobre los pobres y los trabajadores que tienen que vivir con agua y aire contaminados y con trastornos climáticos. Estamos presenciando un ascenso de las crisis climáticas, al tiempo que se va generalizando un movimiento mundial que reclama justicia climática. Vemos el crecimiento de estrategias de inversión y adaptación, que, sin embargo, están unidas al lucro empresarial y no siempre a las verdaderas necesidades de los pueblos.

El cambio climático es real y recae más pesadamente sobre los pobres y los trabajadores que tienen que vivir con agua y aire contaminados y con trastornos climáticos. Estamos presenciando un ascenso de las crisis climáticas, al tiempo que se va generalizando un movimiento mundial que reclama justicia climática. Vemos el crecimiento de estrategias de inversión y adaptación, que, sin embargo, están unidas al lucro empresarial y no siempre a las verdaderas necesidades de los pueblos.

Fatsa es una organización que, indudablemente, mira al futuro. ¿Y en qué ámbitos lo hace?

En el nacional, a través de una sistemática y permanente política de formación que contiene elementos clave: la diversidad étnica y de género; la preparación para los adelantos tecnológicos y la puesta en marcha de un plan de formación y convencional para las áreas en auge, como lo es el área de cuidados domiciliarios. El envejecimiento de la población, junto con los cambios sociológicos, implica que este sea un sector en permanente crecimiento. Y lo hace con trabajos precarios, mal pagos y difíciles de sindicalizar. A la tarea de transformar esta situación está abocada Fatsa.

En el plano internacional, Fatsa juega un papel importantísimo. Carlos West Ocampo es el Presidente Mundial de UNI Cuidados, el sector de UNI Sindicato Global que reúne a los trabajadores de la salud y la previsión social, en tanto que Héctor Daer es vicepresidente de UNI Américas. Desde estos lugares, la Federación impulsa políticas importantísimas, desde el apoyo a sindicatos de la región y el mundo que necesitan del respaldo de grandes organizaciones para poder sobrevivir, hasta la discusión en Foros internacionales en donde se debate este nuevo mundo del trabajo, en los que los empresarios solo quieren imponer trabajos precarios y sin seguridad social. Fatsa, desde el poder que le confieren los trabajadores y trabajadoras a los que organiza, tiene una voz potente y creíble para decir que las transformaciones en el mundo del trabajo, la precarización, la diversidad, la formación, solo pueden ser enfrentadas con más y mejores sindicatos; con más y mejor negociación colectiva; con más trabajadores y trabajadoras organizados; con más poder frente a las multinacionales.

La voz colectiva de FATSA es una herramienta frente a las transformaciones en el mundo del trabajo. Todo cambia, lo hace día a día, a veces como un torbellino, pero lo que no cambia, es el valor que nos sigue uniendo, la solidaridad y la convicción de que solo los trabajadores organizados pueden hacer la diferencia entre una sociedad inhumana y otra en la que los valores de la humanidad sigan preponderando.

Adriana Rosenzvaig 
Asesora de Fatsa en temas internacionales